Tévez, el que todos y nadie quieren
Un jugador de las características deseadas por casi cualquier entrenador. Carlos Tévez tiene técnica, habilidad, espíritu de lucha, sacrificio, gol. Carlos Bianchi le empezó a sacar jugo para ganarlo todo con Boca Juniors donde era crack y figura del equipo hasta que los millones brasileños lo sedujeron para ir al Corinthians y ganar el Brasileirao maravillando a la afición paulista – aunque terminó enfrentado con la misma - junto con su compatriota Javier Mascherano.
Ambos fueron llevados al viejo continente y al mismo equipo, el West Ham, con la misión de salvarlo del descenso, cuestión que lograron en el último partido del campeonato ganándole al Manchester United con un gol de ‘Carlitos’. Y justamente fue el equipo más ganador de Inglaterra el que se hizo con sus servicios para la próxima temporada. Pero Alex Ferguson nunca le dio el rol protagónico que el argentino esperaba, pese a sus buenas actuaciones y goles importantes. Con Wayne Rooney y Cristiano Ronaldo por delante, cuando había que jugar más precavidos, el ‘Apache’ era el sacrificado. Llegó a dos finales de Champions League contra Chelsea y Barcelona, ganando la primera e incluso anotando el primer penalti de la serie dando la confianza a sus compañeros, gran muestra del carácter y liderazgo del delantero.
Pero no aguantó jugar ese papel – pese a que se marchaba CR7 y podía tener la importancia deseada – y en la siguiente temporada aceptó la oferta de ‘el otro’ equipo de la ciudad: el Manchester City. Club más modesto en cuanto a títulos pero económicamente con una solidez impresionante que lo hace actualmente uno de los más competitivos del mundo por las figuras que han fichado. Tévez era para los dueños y para el técnico, Roberto Mancini, el jugador obligado a ser referente del proyecto.
Y cumplió de sobremanera los primeros dos años de su contrato – firmó por cinco, siete millones de euros en cada uno – siendo capitán, goleador del equipo y de la liga en el curso pasado. Aunque también empezó a repartir minutos con David Silva, Edin Dzeko o Mario Balotelli, dado que el planteamiento de Mancini era más conservador.